domingo, abril 9

Un postigo, otro postigo

Hablo con una amiga acerca
de los ciclos de la energía
y no hay nada más alejado
de lo esotérico
Mientras refuerzo modificando la voz
mi arenga hacia sus proyectos,
miro la pila de apuntes a la que tengo que volver
e inspiro.
El gato entra por la ventana a los gritos,
mojado, con la panza goteando,
y me recuerda que afuera llueve.
Menciono lo de los ciclos de la energía
en una charla con otra amiga
y comparo lo que pienso
con lo que pensaba cuando saqué el tema
por primera vez.
Anoche S. me dio besos
mientras dormía.
A la mañana le conté de mi sueño entre estanterías
de libros que no podía ver.
A la tarde me envió su poema nacido
en la frase de una chica una noche.
Todo vale más
cuando nos abrimos
como se abre
cualquier ventana.


3 comentarios:

  1. A veces me pasa que leo, leo y nada. Busco (supongo que busco) y nada.
    Y medio que me culpo por esa falta de impresión de las cosas: poca concentración, mucho pelotudeo web, incluso poca bola a cierto hobby, energía que se dispersa en gilada, partes del cerebro funcionando a baja potencia. Whatever.
    Siento que yo soy quien falla.
    Hasta que, azar mediante, doy con el poema de un (ex) yugoslavo sobre los cadáveres, los huesos, la cremación, y paf.
    Leyendo tan en diagonal como antes, algo pega.
    Lo mismo pasa con esto.
    Las razones objetivas podrá explicarlas un puanner. Las subjetivas puedo intuirlas: mi relación con esa palabra, energía, pese a mi nulo esoterimo; mi relación con los besos, con los que doy y con los que no puedo dar; con los que veo -porque nunca vi a mis viejos besarse- o con los que leo, y flotan corazones acolchonaditos; la palabra "ciclos", que siempre me remite a un (gran) poema de Fabián C.; el repaso que hice estos días de unos viejos apuntes y las anotaciones olvidadas en los márgenes dando cuenta día a día de lo mal que la pasaba ahí; eso de abrir la propia ventana y encontrarse con un fucking gris contrafrente, persiana baja, aire y luz con el aire y la luz estancados y moscas rondando la comida que tiraron al patio de abajo.
    O, tal vez, sobre todo, la velocidad del poema, ¡de una noche a una tarde!: yo hace diez meses y medio que quiero decir algo acorde sobre un gesto que en un lugar y momento inesperados traspasó la carcasa abollada de la sociabilidad y me permitió sentir que, aunque sea fugazmente, asimétricamente, había una conexión. Y no salgo de unas palabras atascadas, que no imprimen como imprimió aquel gesto irrepetible.
    Mejor me dedico a otra cosa.

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    1. Ohh. Se borró un comentario elaborado y ameno. Como sea. Qué poema de qué ex (!) Yugoslavo?

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  2. Pues sí, como sea.
    Lástima la pérdida de lo elaborado.
    La amenidad, en cambio, sobrevive en la persistencia que vence al infortunio informático.

    El ex yugoslavo, que, sin embargo, siempre será un eslavo del sur, es decir, yugoslavo -un sudoslavo (?)-:
    http://campodemaniobras.blogspot.com.ar/2017/03/drazen-katunaric-por-aquello-no-dicho.html

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'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.