jueves, septiembre 8

Las cantantes celulares, el adelanto de 45 minutos y los boletos de colectivo

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Siempre les puse nombre a los celulares que tuve. La premisa es que tenían que ser nombres de cantantes mujeres. El mejor celular de la historia de los celulares fue un Alcatel que tenía teclado horizontal deslizable. Fue el mejor celular que tuve y tendré y todo bien con eso, crecer implica extrañar lo que probablemente fue una chotada. De todas maneras fue un afecto desmedido. Era como una bolita de amor que tenía un mini tecladito. Se llamaba Fabiana Cantilo. Lo perdí borracha en una fiesta. No pude comprarme otro igual porque ya no se fabricaban.


Con dolor compré a Madonna. La hermana de un amigo de mi viejo tenía un celular en una cómoda y lo entregó por 300 pé. Le puse Madonna porque era viejo, pop y rosa chicle. Me gustaba porque seguía siendo dentro de todo atrasado en tecnología y tenía una excelente excusa para no tener nada en él más que sms y agenda de contactos. Mi hermana finalmente se avergonzó de mí y me regaló alto celular, dando por finalizada mi batalla contra lo touch. Y ahora tengo a Björk.


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Y Björk quiso que experimentara una secuencia de instrospección. En algún momento de la mañana de ayer, sé que no fue antes porque llegué puntual al laburo, se desconfiguró la hora. Creo que fue cuando lo reinicié. Se adelantó 45 minutos. No es tan terrible, por supuesto, pero viví un día muy extraño, ahora entiendo. Llegué a la facultad con la clase empezada, como siempre porque siempre llego tarde. Pero lo que no sabía es que había empezado hacía 15 minutos, no una hora como acostumbro. Eso significa que me fui 45 antes del trabajo y que mi jefe no se enteró. Como la profesora decidió terminar antes la clase, no me di cuenta del desfasaje de tiempo porque para mi había terminado más o menos a tiempo, unos minutos después solamente. Pero dijo, por hoy terminamos antes y yo pensé, minga, vieja, estás terminando incluso después. Casi se lo menciono a una compañera con la que me crucé cuando terminó, pero me dio paja. Sí sospeché algo raro cuando en un momento de la noche, mientras hablaba por teléfono y cocinaba sentí como algo que no sé qué sería. El tiempo.

Hoy cuando me tomé el bondi viajé en uno vacío, sentada, una fiesta. Claro. Eran las 7 y cuarto de la mañana, la puta que me parió. El encargado del edificio de oficinas me miró raro. Yo llegué, preparé mate y arranqué a llamar y me daban todos contestadores. Así hasta que a lo que para mí eran las 9:50 me llamó mi jefe al que había intentado localizar antes, y me di cuenta de que eran las 9.

No le deseo a nadie el nivel de desorientación que manejé toda esta mañana. 

Me pregunto cuánto antes me habría dado cuenta si los bondis siguieran dando boletos. Yo era alta fetichista. Los inspeccionaba, veía coincidencias de números y siempre chequeaba la hora. Creo que nunca habrá de nuevo esa cosa linda de estar viajando en bondi un fin de semana a algún lugar sin apuro con solcito y no tener nada para hacer y mirar por la ventana e inspeccionar el boleto. Hacerlo un rollito. Fijarse si hay números capicúa. Sí, salvemos a los árboles, la concha de la lora. Dejen de robarme mi pasado. 
A Björk le gusta esto.