jueves, junio 30

El lenguaje que no es lengua II

Día de home office. Tres de la tarde, salgo impresentable a comprar yerba al chino, me llevo el celular por si las moscas. Pasando la linea de cajas (Sí, es un chino de los grandes) me empieza a sonar el celular. Chabón importante. Mierda. Atiendo y me empieza a recitar números con una pasión tan grande que flasheo soneto. Me doy cuenta que debería estar anotándolos y me desespero, no tengo ni un lápiz. Miro a la china que está atendiendo en la caja y le hago señas (excelentes) de que necesito birome y papel. Me alcanza rápido y anoto todo. El chino es mi oficina. Cambio la voz; la china no puede creer que soy la misma que compra pan suelto y cajones de birra. Corto. Le digo: grosa. Se caga de risa y alza la mano. Chocamos las palmas. Éxito. Me voy y tengo que volver porque me estoy olvidando la yerba. ¿Seguiré siendo una boluda? Ampliaremos.

5 comentarios:

  1. ya se ve, se siente,
    el nacimiento de una nueva amistad

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  2. con la china ya se quemaron más etapas de relación que entre el tiempo y el espacio. No me vengan a hablar de la inherente crueldad humana si no hay nada más cruel que no entenderse y ahí están ustedes dando vueltas por buenos aires

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    1. Pero nos re entendemos! Ambas hablamos esperanto, Manú

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    2. justamente porque se entienden, la crueldad no existe.

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'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.