jueves, junio 30

El lenguaje que no es lengua II

Día de home office. Tres de la tarde, salgo impresentable a comprar yerba al chino, me llevo el celular por si las moscas. Pasando la linea de cajas (Sí, es un chino de los grandes) me empieza a sonar el celular. Chabón importante. Mierda. Atiendo y me empieza a recitar números con una pasión tan grande que flasheo soneto. Me doy cuenta que debería estar anotándolos y me desespero, no tengo ni un lápiz. Miro a la china que está atendiendo en la caja y le hago señas (excelentes) de que necesito birome y papel. Me alcanza rápido y anoto todo. El chino es mi oficina. Cambio la voz; la china no puede creer que soy la misma que compra pan suelto y cajones de birra. Corto. Le digo: grosa. Se caga de risa y alza la mano. Chocamos las palmas. Éxito. Me voy y tengo que volver porque me estoy olvidando la yerba. ¿Seguiré siendo una boluda? Ampliaremos.

domingo, junio 26

El lenguaje que no es la lengua

El jueves llegué tan reventada del trabajo que me tiré un ratito a las 6 de la tarde -tenia que salir a la media hora a la facultad-, y me levante a las 9 con dolor de cabeza y miseria humana. Quería cocinar algo rico y fui al supermercado chino de enfrente del parque. En un momento una de las dueñas, una copada con la que me llevo bien, me saludó. Ella estaba reponiendo unos frascos de conservas y yo estaba parada con la boca abierta enfrente de los estantes de aderezos.  Fue fuerte, me sacó de una secuencia, no sabía qué hacía mirando mayonesas. Me giré -todavía con la boca abierta-, la miré y fue tal la conexión que nos empezamos a reír a carcajadas. Yo estaba en la últimas. Ninguna de las dos habla el idioma de la otra. Realmente no podemos cruzar una palabra. Pero nos comprendimos muy bien porque hay cosas que son evidentes. Me dio dos palmaditas en la espalda y me gastó afectuosamente en chino. Seguíamos riéndonos. Le dije gracias. Me llevé una mayoliva.

jueves, junio 23

Los epílogos - El mundo según Garp - Sapo Sumergido

El epílogo es algo que espero en los libros que leo y que calma mi ansiedad orgánica.

Dice una página de internet no chequeada: "El término epílogo proviene de una palabra del latín que a su vez deriva de un vocablo griego. Sirve para denominar aquello que cierra una exposición; es decir para realizar una recapitulación sobre un tema del cual se ha hablado extensamente, a modo de conclusión. Suele encontrarse, al finalizar la última parte de una obra de ficción o de forma concluyente al término de un ensayo."

Parece estar lamentablemente en retirada. Y me da bronca. Encontrar buenos epílogos me da una satisfacción característica. 

Cuando con mi hermana hablábamos de algún tema, cualquiera sea, ella pedía una devolución. Una conclusión, un análisis de lo charlado. Ahora ya no lo pedimos más porque está implícito: ambas sabemos que sin devolución una charla adolece. Ella es psicoanalista y, lógicamente, para mí sus devoluciones son mágicas.

Para mí los epílogos surten un efecto parecido a las devoluciones. Como si cada libro terminado fuera un fin de análisis. Otro día hablaré de los prólogos. 

Un lindo epílogo que volví a leer hace poco es el de El mundo según Garp, de John Irving.  Es un libro genial y cada tanto lo releo.  Me imagino que un obsesivo heavy debe sentir lo mismo que yo con los epílogos cuando ve todos los frascos en fila o la ropa doblada y separada por colores. 

A continuación dejo un fragmento de la novela, el del Sapo Sumergido:


A Duncan se le ocurrió hablar de Walt y de la corriente submarina -una famosa anécdota familiar. Desde que Duncan tenía memoria, los Garp habían ido todos los veranos a Dog's Head Harbor, New Hampshire, donde los kilómetros de playa frente a la finca de Jenny Fields eran asolados por una temible corriente submarina. Cuando Walt tuvo edad suficiente para aventurarse cerca del agua, Duncan le dijo -como Helen y Garp le habían dicho a él durante años-: "Cuidado con la corriente submarina". Walt retrocedió, respetuoso. Durante tres veranos, Walt fue puesto en guardia respecto a la corriente submarina. Duncan recordaba todas las frases."Hoy la corriente submarina está mala.""Hoy la corriente submarina está fuerte.""Hoy la corriente submarina está malvada." Malvada era una palabra importante en New Hampshire que no sólo se aplicaba a la corriente submarina.
Durante años, Walt se cuidó de ella. Desde la primera vez, en que había preguntado qué podía hacerle, sólo le habían dicho que podía tragarle. "Podía absoberte, tragarte y arrastrarte mar adentro."   Era el cuarto verano de Walt en Dog's Head Harbor, recordó Duncan, cuando Garp, Helen y él vieron a Walt que observaba el mar. La espuma de la rompiente le llegaba a los tobillos y contempló las olas sin dar un sólo paso durante un largo tiempo. La famiia se acercó a la orilla para conversar con él.-¿Qué estás haciendo, Walt?-preguntó Helen.-¿Qué miras, papanatas?-preguntó Duncan.-Estoy tratando de ver el Sapo Sumergido- respondió Walt (N. de la T. - En inglés, corriente submarina y Sapo Sumergido suenan prácticamente igual: undertow y Under Toad)-¿El qué?-inquirió Garp.-El Sapo Sumergido-replicó el niño-. Estoy tratando de verlo. ¿Cómo es de grande?(...)Entre Helen y Garp, Sapo Sumergido se convirtió en una expresión que designaba la ansiedad. Mucho después de que Walt hubiese comprendido de qué clase de monstruo se trataba, Garp y Helen evocaban a la bestia como una forma de referirse a su propia sensación de peligro. Cuando el tráfico era pesado, cuando el camino estaba cubierto de hielo -cuando la depresión apareció, dla noche a la mañana-, se decían: "Hoy el Sapo Sumergido está fuerte".-¿Recuerdas que Walt preguntó si era verde o marrón?- dijo Duncan en el avión.     Garp y Duncan rieron. Pero no era verde ni marrón, pensó Garp. Era yo. Era Helen. Era el color del mal tiempo. Era del tamaño de un automóvil.