miércoles, mayo 25

Las elecciones de base

En determinado momento, no sé exactamente cuándo pero sí sé que fue en este año, dejé de tomar el subte todas las mañanas para ir a trabajar al centro. Me da muchísima depresión. Me acuerdo que sabía el vagón preciso al cual subirme para bajarme en Callao justo en la escalera mecánica. Me acuerdo que  donde termina esa escalera mecánica hay otra igual, y me acuerdo que en esos tres pasos que daba entre una y otra me quería matar.

En ese vagón, al que accedía luego de taclear a una formación de oficinistas con frigidez cerebral, me peleé sin motivo con una vieja, presencié un debate de alto vuelo intelectual en la semana en la que ganó Macri la presidencia de este país, crucé miradas con el pibe más lindo del condado de los vagones, le leí los mensajes de wa a un señor, se me rompieron unos auriculares berretas con un tirón de alguien que se bajaba -y decenas de álguienes que ansiaban subir-, y una o dos veces por mes el subte dejó de funcionar por algo no esclarecido y tuve que correr por la avenida Corrientes para subirme a algún bondi y llegar media hora tarde al laburo.

Pero eso fue todo. El resto de las mañanas -miles de millones- viajé con los ojos cerrados contando para adelante y para atrás. Aprendí cuánto tardaba un subte con normalidad entre la estación de inicio y la de llegada. Me pregunté con desesperación si había cerrado con llave la puerta del departamento. Ansié una vida mejor.

Una mañana, en vez de salir del edificio y doblar hacia la izquierda, doblé hacia la derecha. Caminé sin percatarme las dos cuadras que me separan de la parada del 99 y me quedé ahí, firme y al viento, como la bandera de ceremonias. Saqué el celular para mirar la hora y ahí me dí cuenta de que no estaba en el subte. Justo venía un 99 y me lo tomé. Viajé como el orto y llegué tarde. Pero hay ortos mejores que otros. Ahora salgo más temprano. Mientras viajo, miro la ciudad y pienso. Creo que fue una decisión importante.

sábado, mayo 14

Hidrante


Acá nomás, en la vereda,
sacaron un hidrante de los bomberos.
(esas tomas de agua que parecen unos cactus crucificados)
Al tiempo empezaron a crecer
yuyos verdes, fuertes
parejos, como si hubiesen sido
diseñados por alguien.

Ahora
adentro, desde el centro, están creciendo
unas florcitas blancas medio amarretas.
Se ve que no sellaron bien cuando sacaron la boca de agua.
Se ve que hay agua que se filtra y que crecen plantas.
Se ve
que cuando hay un resto
hay algo que florece.