lunes, marzo 21

Todos los que entran en recuerdo están esperando a cruzar una calle

Te vi frenado en una esquina
de la capital con la mirada
en el semáforo para peatones.
Siempre fuiste un forro atento.

Como en el poema de Bignozzi,
Educada en el vicio de los hombres,
voy a la cocina y me seguís,
voy al baño y me golpeás la puerta
me despertás en la noche
para preguntarme si duermo,
me llamás por teléfono en todas
mis ciudades para avisarme
cuidado con el vino y con la vida literaria.
Y me encanta que lo hagas.
Pero en realidad no lo hacés.

Estabas como triste.
Quise cruzar y decirte,
sin que llegaras a saludarme,
que yo te podía cuidar.

Algunas avenidas ejercen violentamente su poder
en la jerarquía de paso
y producen la ilusión de que nunca
dejan los autos de sucederse.

Cuando volví a mirar,
soportando los segundos
como cuando hacía apuestas
que cargaban con un peso
de consecuencias heavies,
como por ejemplo:
si vuelvo a abrir los ojos
y ese chabón triste me sigue mirando
voy a morirme a los 27 como Brian Jones,
seguías ahí.

Sólo cuando los miran,
todos los que entran en recuerdo
están esperando a cruzar una calle.

domingo, marzo 20

Dejar abierto el portón

Fui a comer con mis abuelos el sábado. Salí de cursar, compré unos ravioles en La Juvenil y me tomé dos bondis a Urquiza. Mi abuelo había cocinado su salsa especial de ajo y tomate agridulce. Había cerveza sobre la mesa y bondiola, queso y pan para picar.

Mientras mi abuelo seguía cocinando, con mi abuela despejamos primero los temas de conversación fetiche: actualidades, anécdotas recientes de color, trabajo, estudio, amor, Franklin el gato, nueva mudanza. Mi abuelo entraba y salía metiendo acotaciones varias y llenando los vasos.
Me encanta hablar con ellos porque son más que nada recuerdos y yo soy más que nada nostalgia. Ellos tienen 85 años. Raymond Carver se murió como diez años antes de llegar a la cantidad de años que nos separan.

Me empezaron a contar de cuando fueron a la quiebra. Ellos tenían mucha guita. Mi viejo tenía 11 y mi tía 13. Vivían en el centro, y la familia tana de mi abuelo tenía una casa de verano por zona norte. El contador de la empresa, amigo de mi abuelo, lo cagó o era un inútil o las dos cosas, y cuando llegó la hora de rendir cuentas y presentar balances nada cerraba. Terminaron yendo a la quiebra, vendiendo su departamento del centro y yéndose a vivir a la casa de verano familiar junto con algunas tías de la familia, y el hermano de mi abuelo, Oscar, su mujer de ese entonces Celia y los hijos de ambos Oscarcito y Maria Marta.

Durante casi un año mi abuelo vivió durante la semana en un hotel de capital y los fines de semana volvía; mi abuela se despertaba a las 6, preparaba y llevaba a mi viejo y a mi tía al colegio, se iba todo el día con el auto al nuevo negocio que habían montado con mi abuelo y a eso de las 11 de la noche volvían en auto. Mi abuelo iba con ella hasta la estación La Lucila del tren (que quedaba muy cerca de la casa donde vivian) asi mi abuela no hacía ese trayecto sola, y él ahi se tomaba el tren de vuelta a capital mientras mi abuela llegaba a la casa del norte.

Pero lo lindo viene ahora. Mi abuela siempre pedía que le dejaran el portón de hierro de la quinta abierto, así entraba con el auto, lo estacionaba y cerraba ella y no tenia que bajarse dos veces. Pero las yeguas de las tías decían que les daba miedo que se metiera alguien, o algún animal o caballo y siempre que mi abuela llegaba lo encontraba cerrado. Mientras contaba esto mi abuelo la interrumpió: "Pero Elba, por qué nunca me lo dijiste? Sabés el escándalo que armaba"

Mi abuelo tiene fama de bravo y figlio di puttana. Una vez cuentan que mi abuela lo carajeó porque se había olvidado de comprar pan para el almuerzo del domingo, que discutieron a los gritos y que mi abuelo se fue y apareció una hora después con una bolsa de papel madera con más de 15 kilos de pan de todos los tipos imaginables, y que la apoyó en el centro de la mesa y se sentó a comer.

"Pero Elba, por qué nunca me lo dijiste? Sabés el escándalo que armaba"

"Precisamente, Oreste, precisamente"

Y nos reímos. Cuarenta años después.


viernes, marzo 11

Futuro Simple con Amigos

Iremos al Tigre y haré topless. Tendremos vecinos que desaprobarán nuestra conducta. Armaremos asados con un fuego que durará desde la mañana hasta la mañana del día siguiente. Flotaré en el río aunque llueva agarrada a una cajón de birras que mantendremos en el agua para mantener su temperatura justa. Cantaremos en nuestro muelle privado canciones que arengarán la guerra. Nuestros vecinos seguirán desaprobando nuestra conducta. Tendrán hijos pequeños que querrán venir a nuestro parque. No sabrán encontrar un motivo real para explicarles por qué no podrán. Les haremos muecas diabólicas desde el deck de madera vieja.  Tragaremos vino como si en ello se nos fuera la vida. Tener enemigos en común fortalecerá nuestro vínculo.Sobre el final de la estadía los niños nos odiarán y serán consecuentes con sus padres. Habremos unido un poco más a una familia.



jueves, marzo 3

Habíamos visto tocar a Cristina Dall
en un bar de Ramos Mejía
y había que volver a capital
un jueves a la medianoche.

Tenía 18 años,
un montón de aguante
y mucho miedo de que la vida
dejara de ser
18 años
en un bar de Ramos.

Lo que más miedo me da ahora
es.