martes, diciembre 29

La voz humana

Siempre fui una académica rancia. De adolescente iba a la Goethe tres veces por semana a estudiar alemán. No sé qué patín me había agarrado, pero insistí tanto con que quería aprender alemán que empecé. Era la única jovencita en el curso de adultos, todo me trataban muy bien pero era medio aburrido. Tenía facilidad pero era muy vaga y nunca hacía la tarea y me acuerdo que una vez una profesora durísima, alemanota y seca proveniente de Bremen me cagó a pedos y la mandé a la mierda. Todo el tiempo decía "ich komme aus Bremen" y yo la odiaba. Pobre, debía extrañar su ciudad. Yo soy una buena persona, pero sé que he sido pésima estudiante en la mayoría de las cosas que estudié. Demasiado díscola.
Lo que sucede es que además de académica rancia soy una putita de la academia así que las vueltas de la vida me llevaron a dar clases y estudiar letras. En mi universo hasta es lógico y todo.

La cuestión, que no tiene nada que ver con esto último, es que salía de la Goethe a la noche y me tomaba el 140 en Leandro N. Alem y Corrientes. Y, como era de noche y leer era un engorro y no disponía de modernos aparatejos paar escuchar música, escuchaba la radio.
Una noche enganché a un chabón hablando en español semi neutro semi ibérico, contando una historia. Duraba media hora mas o menos, y después pasaban música. Empecé a escucharlo todas las noches que volvía del curso. Como me salteaba partes de la historia porque no escuchaba todos los días, tenía vacíos cronólogicos importantes pero no me importaba. Esa voz era hipnótica. Puedo evocarla rápidamente, el tipo empezaba a hablar y yo ya estaba adentro. Era la típica voz de locutor antiguo, con extrema expresión y dominio de los agudos y graves, no los locutores que te quieren vender cosas que se escuchan en la tele o la radio.

Un día no lo pasaron más, se ve que se había terminado la historia. Por un tiempo estuve obsesionada, le preguntaba a la gente si sabían qué podía ser, dónde podía encontrar la historia. Sólo sabía que el protagonista se llamaba Winston. Sí, chicos, Winston.
Había estado escuchando el audiolibro de 1984  de Orwell sin saberlo. Y me di cuenta al leer el libro, que había estado todo ese tempo en la biblioteca de mis padres. Una tarde. Yo sola. Sin tecnología, sin googlear frases, sin buscadores en el celular. ¿Cuántas cosas como estas suceden ahora, que lo inmediato ya es viejo?
Por curiosidad, hace uno o dos años busqué en youtube a ver si encontraba esa voz, pero los audiolibros que había eran medio computarizados, un asco. Quizás en unos años compre en un mercado de usados un casette y esté esa voz. Voy a llorar como una perra.

4 comentarios:

  1. Locutores tipo Pedro Aníbal Mansilla, para no caer en el lugar común de Martinhetiz (que, lo googleo, no se escribe así). O Beillard, alguno de ese tiempo y esa escuela.

    Ojalá encuentres tu casete, tu voz. Esa voz. Podría ser un buen deseo para esta fecha. Para esta ocasión en que me resulta tan ardua la expresión de deseos.
    El casete y un paquete de carilinas.

    Cuelgo con que es la segunda vez que comento acà algo sobre las voces. Las voces son evocadoras, aún más que las propias historias que cuentan, como en este caso.
    Pero los olores son (lo) más: ayer, olor a cierta pintura -porque no todas las pinturas huelen igual- que llega a la vereda por donde camino, y, en una respirada, me voy a un mal flash de mi niñez.

    Nada, cosas así.

    PD: Me produce mucha satisfacción la palabra "engorro".

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    1. No conocía a los locutores que nombraste -en verdad creo que no conozco locutores at all-, así que los googleé y no sé cómo -ya no trato de entenderlo-, terminé viendo "Enter the Void". Hermosa la dispersión viajando por hipervínculos.
      Los olores son más. Los olores de perfumes de la gente que pasó por mi vida. Son tan intensos, viejo.
      pd: Engorro está

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'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.