martes, septiembre 15

Los espejos y la infancia, Inés Acevedo

"(...) Mi mamá me criticaba por mirarme al espejo, me decía 'coqueta', para ella era negativo querer ser linda, porque había sido educada en un convento; cuando yo quería correr para el baño a mirarme en el espejo me retaba. A los diez, cuando me mudé sola a mi cuarto, un día mi mamá abrió la puerta y me encontró mirándome en el espejo fijamente. ¿Qué hacés? me preguntó, y a mí me dio vergüenza. No era vanidad, me miraba por el simple asombro de existir. ¿Cómo es posible que yo sea esto? me preguntaba, en una especie de abismo. Acá estoy, soy una persona que vive: qué peligrosa es la vida, qué sensible soy, puede desaparecer en cualquier momento (...)
Con un poco de este espíritu me miré al espejo aquella primera vez, y pensé: ¡tengo una Hermosa Personalidad! ¡Qué Persona interesante parezco! Estaba seria. La misma cara de siempre, como cuando voy por la calle y los hombres intentan un piropo que en realidad es reproche: '¡qué seriedad!', me dicen. Y casi no se dirigen a mí. Hablan entre ellos de mí, sin conocerme. Dicen que soy seria. Esa cara seria, como medallón, es mi cara de los cinco años. Cara de fastidio y solemnidad. Así me recuerdo a los cinco años, edad que nunca perdí, y en la que supe que efectivamente tenía treinta y tres." 

Una idea genial, Inés Acevedo

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'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.