domingo, mayo 17

Sin público visitante

Las casas que tienen
un patio con una
hamaca pequeña
colgando de una viga,
son una elección acertada
de construcción íntima.

Para grandes hamacas
siempre tendremos
grandes plazas.

Lo que falta es reforzar,
como si se tratara
de una vacuna que solo 
nos aplicaron al nacer,
la experiencia
de sacar los pies del suelo
con un movimiento pendular
necesariamente lento,
que nos permita
volar con calma y,
en simultáneo,
ver los detalles
del piso que abandonamos.





3 comentarios:

  1. Hamacarse. Es la terapia para casi todas las penas del alma. Cuando estoy muy triste, o cuando siento que algo no funciona, que algo no cierra, voy a la plaza a hamacarme. A veces voy con mi mejor amiga. Y sólo nos hamacamos, intercambiando palabras cuando nos cruzamos en el recorrido.

    (La capacidad de ver los detalles del piso que abandonamos es complementaria con la capacidad de perderte -perderte- en el cielo inmenso que se abre sobre tu cabeza, momentáneamente más cercano, y no caer en el proceso. Es todo un arte, hamacarse)

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  2. Sofi! Yo no tengo hamacas cerca. Es decir, sí, unas en el parque pero esta siempre lleno de niños y además son muy chiquitas. ¿Dónde estan los gobernantes para internalizar nuestra necesidad como sociedad de hamacas grandes y para todos? No salimos más

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  3. El truco es ir al parque o a la plaza un día de semana, en el horario en que los chicos están en clase, o los domingos a la mañana, o los jueves a las ocho de la noche. Ahí siempre hay una hamaca a mano libre de niños ;)

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'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.