miércoles, mayo 6

Asunto tinta

En el laboratorio donde trabajaba había una pugna constante por las biromes negras.
En los pedidos de librería siempre -siempre- cada  uno apuntaba 2 o 3 biromes oscuras que insistían en desaparecer. Vi compañeras rotular furiosas las suyas, vi peleas elevadas de tono por biromes negras. Yo a las mías les pegaba una etiqueta blanca pero se esfumaban como los cigarrillos en noches complicadas, era realmente increíble.
En cambio las rojas, de esas había como para tirar al tacho de basura y seguir teniendo. Tanto es así que una vez abrí mi cajón y 4 lapiceras, rojas como la sangre que circulaba por el laboratorio, rodaron llenitas, mientras en mi bolsillo sonreían otras 2.
Cuando me fui, cuando finalmente logré irme de ese lugar, dejé todo: lápices, cuadernos, pedidos enteros que había hecho y que por supuesto en otra circunstancia me habría llevado; dejé incluso un guardapolvo mío que tenía de repuesto. Pero las rojas no.
Durante meses hubo en mi casa una lapicera roja debajo de casi cualquier cosa. Me llevé lo que nadie nunca quiso y lo que nadie notaría. Fue realmente maravilloso. El último día mi cartera se tragó más de 10 biromes rojas sin estrenar atadas con una gomita. Era mi tesoro.
Me llevé el color por convención de la alarma para no olvidarme de cuánto estoy dispuesta a entregar en cosas que me empequeñecen, y para escribir en rojo la diferencia entre tener algo para decir, y saber cómo decirlo.

2 comentarios:

'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.