jueves, abril 16

Filosofía

Yo te pincho, vos me pinchás,
y es como si hubiera una diferencia
sutil pero significativa
entre los dos mundos que hace que uno
haya vivido la epidemia que el otro ignora.

Los problemas salen a trotar desnudos
y mientras le pegan la segunda vuelta a la plaza
nos damos cuenta -qué mentes brillantes-,
que hay que hacer seriamente foco
en lo que realmente importa.

¿Pero para qué pensar en trascendencia
si podemos destrozar cosas?
¿Para qué pensar, qué delirio, en soluciones
si podemos, fácilmente, hacernos mierda?

Mientras sangramos nos acordamos
de los nenes en los supermercados
que miran las pirámides de latas de arveja
y que fantasean con sacar una de abajo
y destruir el mundo.

Es cuando sangramos que nos acordamos
del tipo que mira al tipo parado
sobre la línea amarilla del andén
mientras piensa en darle un empujoncito leve
y antes de evaluarlo mejor,
el tren se detiene
y todos llegan a tiempo
a oficinas empotradas
en el corazón de la ciudad.

Yo te pincho,
vos me pinchás
y me reconozco
en cada grito de gol
de un partido entre
dos equipos
ya descendidos.

Será un desastre pero
si me preguntás prefiero
la filosofía de la faca
a la filosofía de la faca.



-Laura Biagini / Ignacio Bereciartúa-

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