viernes, enero 23

Peter Handke y la duración

Ya hace tiempo que quiero escribir sobre la duración;
no un artículo ni una obra de teatro, ni una historia—
la duración pide insistentemente un poema.
Quiero preguntarme con un poema,
acordarme con un poema,
afirmar y guardar con un poema
lo que es la duración.
    
"Esto es cosa que ocurre en días, esto dura años":
Goethe, mi héroe
y maestro de la palabra objetiva,
una vez más has acertado:
la duración tiene que ver con los años,
con los decenios, con el tiempo de nuestra vida;
la duración, es el sentimiento de la vida.
   
La duración con tu hijo
puede sobrevenir
cada vez que encerrado en la habitación durante horas,
con un trabajo aparentemente útil,
escuchas en el silencio el suplemento que te falta
para que todo esté en orden:
el ruido de la puerta de la casa al abrirse,
signo del regreso al hogar,
que en ese momento a ti,
el más susceptible a los ruidos de los susceptibles a los ruidos,
estando debidamente concentrado en tu tarea,
te suena como la más bella melodía.

Extraño también  el sentimiento de duración
a la vista de algunas pequeñas cosas,
cuanto más insignificantes más conmovedoras:
aquella cuchara
que me ha acompañado en todas las mudanzas,
aquella toalla  
que ha estado colgada en los más diversos cuartos de baño,
la tetera y la silla de enea,
arrumbadas años y años en el sótano
o guardadas en alguna parte
y ahora, al fin, otra vez en su sitio,
ciertamente un sitio distinto de aquel que les corresponde desde siempre,
pero sin embargo en el suyo.

Y al fin:
feliz aquel que tiene sus lugares de duración;
ya no será, aunque se haya trasladado para siempre a un país extraño,
sin perspectivas de volver a su mundo,
nadie a quien han expulsado de su patria.
    
Peter Handke, Poema a la duración (1986) Traducción: Eustaquio Barjau.

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