martes, diciembre 16

Porque sí


El verano inmediato
después de recibirme del colegio
me enamoré en el anonimato
de un trompetista ignoto
que había visto tocar en La Castorera.

Duró nada
lo fui a ver una vez más
me acuerdo que me hice la desentendida
no le dije a mis amigos que me acompañaban
supongo que todos podemos 
ser siempre un poco más idiotas
que la imagen mental con la que cargamos.
No me miró en toda la noche
y estuve triste dos o tres horas
del día siguiente
después ignoré el recuerdo
después me olvidé
después me reí mucho.
 
Este sábado después de almorzar,
mientras armaba unos almácigos
con unas semillas que prometen
plantas con flores amarillas,
e intentaba ahuyentar los pensamientos
del trabajo y la facultad y la plata
con una canción importante,
por la ventana pasó un flaco
con un estuche de trompeta
y una camisa azul a cuadros.

Cruzamos las miradas
en el perfecto punto
de la parábola horizontal
y supe para siempre
que era el trompetista ignoto
del que no recuerdo ni la cara
ni el nombre
devolviendome la mirada
que le pedí telepáticamente
una noche de miles de grados
hace más de cinco años. 



 











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