martes, septiembre 9

Daga en el bastón

Una mañana de estas, me subí apurada al 151 porque el 168 no venía más y me senté al lado de un señor muy mayor un poco desagradable que tenía un bastón recto de metal. El señor en cuestión se paró para ir preparándose para bajar en el instante en el que se subió un viejo simpático y hermoso ayudado por un bastón de madera tallada con un nudo en la empuñadura.
A partir de ahora viejo 2 se ubicó en el asiento que había dejado viejo 1Viejo 2 vio mis zapatos -llaman la atención- y me dijo que eran muy lindos. Yo le dije que el bastón tenía mucha onda. Viejo 1, que estaba pronto a bajarse, miraba. Viejo 2 -el entrañable- luego de mirar a los costados me dijo: -Lo hice yo, y tiene una daga larga, parecida a una espada adentro, yo era herrero. Y acto seguido desenroscó apenas y mostró el filo orgulloso.Yo no lo podía creer. What the fuck, old man.

Comentario lúcido de Viejo 1: Ejem, eso es ilegal
Viejo 2: Bueno, hay que tener algo para defenderse llegado el caso
Viejo 1 : De todas maneras es ilegal.

Yo observaba la contienda verbal gerontológica todavía medio atontada por el horario. Estas cosas no deberían pasarme antes del mediodía.
Volviendo, Viejo 1 se bajó, yo me bajé después, todo siguió fluyendo y casi me había olvidado del asunto, pero hoy a la mañana el 168 en el que viajaba pasó por una parada del 151 y ahí estaba él, Viejo 2, paradito y fresco apoyado en su bastón esperando el bondi. Estoy completamente segura de que todo aquel que lo haya mirado ni siquiera sospechó lo que el tipo llevaba. El viejecin sonreía. 
A ver si nos entendemos. El viejecin sonreía y aguardaba paciente el colectivo y una espada de medio metro reposaba silenciosa adentro de su bastoncito de madera con nudos. 
Siniestro y mágico.

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