lunes, junio 23

Santillán y Kosteki

Soy fuerte. No se me ocurre otra oración para continuar la primera, tan efectista, sin perder el hilo de la cuestión. También soy muy sensible. No obstante esto, se puede vivir con esa oposición porque una no es condición que excluya a la otra. La única fragmentación con la que me cuesta vivir es aquella que afecta directamente a mi alma cuando vivo situaciones que escapan ampliamente mi forma de entender el mundo.
  Este jueves se cumplen 12 años del asesinato de Dario y Maximiliano. Fue en el 2002, en esa época en la que nos garchaban a todos sin asco. O con asco. Por ese entonces, después de clases, iba a un curso de inglés en el colegio Ursula. Cuando llegaba ese día de la semana [Qué maravilla que es el cerebro, no podría especificar qué día era ni haciendo el mayor esfuerzo del mundo], mi hermana solía pasarme a buscar y me acompañaba esas cuadras. En mi familia no teníamos un mango, corría la época picante, y mis viejos nos daban un patacón o dos para que nos compráramos algo para merendar. Tenía 11 años. Julia, 18.
  Como todo lo que pasó en esos años, lo ví a través de una tela de gasa, de vapor y nebulosa, de términos que no entendía. En el secundario, en esos años mozos en los cuales se militaba y crecía el deber social y los tiernos talleres de debate, vi una foto de Maxi de ese día, esa seguidilla de fotos en las que emula una crucifixión sin cruz, tirado como un perro muerto al lado de una columna. Escribo esto y siento que se me quiebra la garganta. Esas imágenes me detuvieron. No fueron la primeras, y si se me permite el lugar común, por supuesto no iban a ser las últimas. De ese tipo de imágenes no se vuelve nunca. Pero yo no quiero volver. Yo quiero seguir y llevar eso hacia lo que sea que esté adelante.
Somos divinos, tenemos esa condición luminosa. Nos seguimos besando a pesar de la muerte, a pesar de que haya tantas cosas tan jodidas. Así y todo, a mí la vida me enamora. 12 años pasaron. La causa esta inactiva. Pasaron 12 años. Casi nada y casi todo.
Dejo una canción hermosa para equiparar las fuerzas entre el horror y la belleza.
Para llevarte mi amor






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'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.